Mantener el rumbo
P. Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.misionmoderna.com
Mantener el rumbo en la visión celular es como mantener el rumbo en un barco: ambos requieren de una brújula, un timón, un GPS, velas, carta náutica, ancla y tripulación. La brújula es la visión clara que Dios nos dio, el timón son los líderes firmes y con carácter que guían con su ejemplo, el GPS espiritual es la oración y la Palabra que orientan cada paso, las velas representan la dependencia del Espíritu Santo que nos impulsa con su viento, la carta náutica es el proceso celular que marca la ruta sin improvisar, el ancla es la esperanza en Cristo que sostiene en medio de las tormentas, y la tripulación unida es el equipo de líderes trabajando en comunión. Pero lo que realmente asegura que todo funcione es la concentración.
Un capitán puede tener el mejor barco y todos los instrumentos, pero si se distrae mirando las olas, los delfines o el horizonte equivocado, puede desviarse un grado, y terminar en un puerto completamente distinto. Si un barco sale de Cádiz (España) hacia Nueva York, que son unos 5.800 km de travesía y se desvía apenas 1° en su rumbo, acabaría llegando a Baltimore o a Washington, a un nos 100 km desviado de su destino. Así pasa también con la visión celular: podemos tener clara la estrategia, pero si nos desviamos un grado, terminamos en cualquier cosa menos en una verdadera visión celular.
Esto le ha ocurrido a más de un pastor: comenzaron la visión, pero se enredaron con actividades extras, programas paralelos o distracciones personales. Al cabo de los años, frustrados, terminaron diciendo: “La visión celular no funciona” o “eso no sirve en mi contexto”. Pero la realidad no es que la visión falló, sino que se desviaron del rumbo. Un capitán concentrado sabe que el viaje es largo, que habrá tormentas, pero mantiene la vista fija en el puerto. Y un pastor celular concentrado no se deja distraer: sabe que su llamado es formar discípulos a través de las células, y todo lo demás es secundario.
En mi denominación no están en la visión celular, pero tampoco la rechazan. Eso sí, ¡programas y actividades tienen para dar y regalar! Y claro, para mí era un problema, porque querían que me metiera en todos, y si no lo hacía me miraban con mala cara o me lanzaban indirectas dignas de francotirador espiritual. Hasta que un día, leyendo a Nehemías, descubrí la respuesta magistral que él envió a Sanbalat, Tobías y Gesem el árabe, cuando intentaban distraerlo: “Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros” (Neh. 6:3). Desde entonces adopté ese versículo como mi respuesta automática. Cada vez que me querían enredar en alguna actividad extra, yo les decía con un emoticón de sonrisa: —“Lo siento, hermanos, les reenvío el WhatsApp que Nehemías le mandó a Sanbalat: Estoy en una gran obra y no puedo ir”. Y así aprendí a quedarme solo en lo esencial, y a concentrarme en el rumbo para no desviarme ni un grado.
Bendiciones de lo Alto
Angel
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.