Los Sermones de un Pastor de una Iglesia de Dos Alas
por P. Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.Misionmoderna.com
Este año 2026 he cumplido treinta años de ministerio pastoral. Durante este tiempo he predicado alrededor de dos mil sermones y otras dos mil enseñanzas a nuestra iglesia local. Después de tantos años observando el comportamiento de las congregaciones, he llegado a una conclusión muy clara: los sermones no solo transmiten conocimiento; crean la cultura de una iglesia. Pero, ¿qué es una cultura? Una cultura es el conjunto de ideas, valores, creencias, hábitos, costumbres y comportamientos que un grupo de personas comparte y que determina cómo piensa, cómo actúa y qué considera importante. En otras palabras, la cultura de una iglesia es la forma normal de hacer las cosas dentro de ella. No suele estar escrita en ningún manual. Se aprende observando, imitando a los demás y, sobre todo, escuchando semana tras semana la enseñanza del pastor. Con el tiempo, esas prácticas y prioridades se vuelven naturales hasta que todos las consideran “lo normal”. Por eso, el púlpito no solo informa; también forma. No solo enseña doctrina; moldea la manera de pensar y de vivir de toda una congregación.
Toda iglesia tiene una cultura, aunque muchas veces sus miembros no sean conscientes de ello. Hay iglesias donde todo gira alrededor de la evangelización y es natural ver a sus miembros compartiendo el evangelio. Otras destacan por la enseñanza bíblica, la adoración, el discipulado, la vida familiar, la acción social o cualquier otro énfasis. A lo largo de estos treinta años he tenido el privilegio de predicar en algunos de los congresos más importantes de España y de Europa, además de conocer a miles de pastores y visitar cientos de iglesias. Con el paso del tiempo descubrí que, cuando llego a una congregación, me basta conversar unos minutos con sus miembros para identificar cuál es su cultura. Sus conversaciones, sus prioridades y la manera en que entienden la vida cristiana revelan rápidamente aquello que consideran verdaderamente importante.
Esa cultura no aparece por casualidad. En la inmensa mayoría de los casos nace de lo que se predica desde el púlpito semana tras semana. Los sermones van moldeando la manera de pensar de la congregación, establecen prioridades y terminan definiendo el rumbo de la iglesia. Si un pastor vive comprometido con la evangelización, ese compromiso se reflejará continuamente en su predicación, y con el tiempo la iglesia desarrollará una pasión por ganar almas. Si, por el contrario, el púlpito carece de una dirección clara y cada semana se predica un tema aislado sin un propósito definido, también se generará una cultura, pero será una cultura dispersa, sin identidad ni una misión bien definida.
Por eso, establecer una cultura de crecimiento requiere dos cosas. La primera es saber con absoluta claridad qué cultura queremos formar. La segunda es tener la disciplina y la capacidad de reflejar esa cultura en cada sermón, independientemente del texto bíblico que se esté exponiendo. Cada mensaje debe reforzar, una y otra vez, la visión que Dios ha dado a la iglesia.
La Escritura deja claro cuál debe ser esa cultura. Toda predicación debe contribuir a formar creyentes comprometidos con la evangelización, el discipulado y la comunión. Ese fue el modelo de Jesucristo y de la iglesia del Nuevo Testamento. Cuando esos tres pilares impregnan constantemente la enseñanza, la iglesia desarrolla una cultura saludable que inevitablemente conduce al crecimiento. En mi libro ¿Qué pide Dios de ti?, disponible en Amazon, desarrollo con mayor profundidad este principio y explico cómo una cultura bíblica bien definida puede transformar por completo la vida y el crecimiento de una iglesia.
Bendiciones de lo Alto
Pastor Ángel Manuel Hernández Gutiérrez,Misión Cristiana Moderna
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.