La Escucha y La Obediencia

por Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.misionmoderna.com

Quién sabe escuchar a Dios, sabe escuchar a los discípulos. Pero ¿Qué es la escucha? La escucha es prestar atención para obedecer, de tal manera que no escuchar es “ser desobediente / no prestar atención”[1], La escritura dice en “Ezequiel 2:7 Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes”. El Señor llama al profeta a hablarle al pueblo a pesar de que ellos por su rebeldía no le querían escuchar. Es interesante el hecho de que se asocie la rebeldía con el no querer escuchar, porque ambas cosas están muy relacionadas. El rebelde, o ha dejado de escuchar, o no quiere escuchar a quién tiene que obedecer. El Señor le dijo a Saul a través del profeta Samuel, “…¿Se complace el Señor tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras del Señor? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1Samuel 15:22)

. Prestar atención, es la palabra hebrea “casháb”, que significa escuchar. Saúl no quiso escuchar, por eso desobedeció. Su desobediencia vino por no querer escuchar.

La palabra “obedecer” vine del Latín y significa “saber escuchar”. Para saber cómo está tu obediencia debes preguntarte como está tu escucha. Porque cuanto más atenta y profunda es la escucha, más perfecta es la obediencia. Obedeces a quien escuchas y eres rebelde contra aquel al que no quieres escuchar. El ser humano necesita escuchar. El ser humano no está diseñado para no escuchar a nadie, siempre está escuchando. De hecho los sordos escuchan a través de un idioma gestual. Y los ciegos o “sordos y ciegos a la vez, a través de un idioma de señales manuales. El problema está en a quién escuchas. Y lo que pasa es que cuando no estás escuchando a Dios es porque estás escuchando a otros, a tu propia carne, o al diablo. Saúl cayó en desobediencia porque escuchó al pueblo (1 Sam 15:24). Cuando escuchó al pueblo dejó de escuchar a Dios. El ser humano no está diseñado para escuchar a dos a la vez, cuando se escucha a uno se deja de escuchar al otro. Cuando Eva escuchó a la serpiente dejó de escuchar a Dios (Gen 3:1-12). Cuando Adan escuchó a Eva también dejó de escuchar a Dios. Nosotros siempre estamos escuchando una voz para acometer nuestras acciones y tomar nuestras decisiones. Depende de a quién escuches que tomes buenas acciones y decisiones. Si escuchas siempre a Dios, tus decisiones y acciones serán siempre las correctas.

Escuchar a Dios es también escuchar a nuestros líderes y pastores porque Dios habla a través de ellos. Quien no sabe escuchar a sus líderes no sabe escuchar a sus discípulos. Porque un líder escucha a sus discípulos con un oido y con el otro escucha a Dios, para poder conectar lo que Dios nos ha dicho con lo que nos dicen los discípulos. Saúl como no supo escuchar a Dios, la escucha del pueblo le llevó al error. Así que concluimos con este principio, quien sabe escuchar a Dios, sabe escuchar a los discípulos.


Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.