Cómo Orar
por Ángel Hernandez
La oración hace más que nuestras manos y pies. Jesús dijo, en “Juan 14:13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Pero ¿Por qué a veces oramos y ocurre lo contrario de lo que hemos orado? ¿Nos habrá engañado Jesús? No.
El problema está en como hacemos nuestras oraciones. Jesús dijo que debemos pedir al padre en su nombre, en el nombre de Jesús. Pedir en el nombre de Jesús no es un formalismo ni una frase mágica, es más que eso, es una actitud en la oración. Pedir en el nombre de Jesús es más que decir, “en el nombre de Jesús amen”, es llevar nuestra oración por la pasión, por el camino del calvario, por el gemido, el lamento, el sufrimiento si hace falta. Jesus oró con tanta intensidad, que su sudor se convirtió en gotas de sangre (Luc 22:44). El nos dice, “hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis… (Juan 16:24).
El Dr. Joel Comiskey en su libro “Una cita con Dios”, dice que el idioma de la oración sigue tres reglas:
- entender la voluntad de Dios
- pedir conforme a su voluntad
- orar fervientemente.
Es curioso que el relato mas impresionante sobre la vigilia de oración de Jesús en el Getseman, sea precisamente el relato mas duro en la vida de Jesús, Lutero la llama “la lucha de Getseman” (Mat 26:36-46). Es una noche triste para Jesús (Mateo 26:38). Todo el mundo puede pasar por un momento semejante, los msticos lo llaman “la noche oscura del alma”, el teólogo del judasmo Martin Buber lo llama “el eclipse de Dios”, porque es un momento donde parece que Dios esta ausente. Es por eso que Jesús dijo velad conmigo.
Necesitamos orar junto a otros, Jesús tuvo esa necesidad. Y es que orar junto a otro destruye todo sentimiento de soledad, de desamparo, de angustia, cosa que los discpulos no hicieron por Jesús (Lucas 22:44).
Algunos teólogos dicen que fue el sueño de la desesperanza lo que hizo que no oraran con Jesús, porque el les haba revelado su partida y eso fue para ellos como un gran golpe. Y encima el maestro al que haban seguido sin temor ni temblor, ahora está temiendo y temblando. Alguien dijo, “el peligro inmediato puede activarnos, pero el peligro sin salida nos paraliza, nos sumerge en el sueño”, dormir para huir.
No es mucho tiempo de oración el que se requiere por y para el que esta pasando por una noche oscura, Jesús pidió para el una hora (Mateo 26:40). Debemos orar los unos por los otros y hacerlo fervientemente.
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.