Los Hastiados
por Ángel Manuel Hernández, www.misionmoderna.com, Islas Canarias, España
Hay muchos motivos para integrase en una iglesia, pero sólo uno te hace permanecer en ella, la pasión que esa iglesia tenga por las almas perdidas y el esfuerzo que hace por ellas. Conocemos el precio que pagó Cristo por las almas, pero ¿cual es el precio que debemos pagar nosotros? Pablo dice que son tres, “gastar de lo nuestro, gastarnos a nosotros mismos, y no esperar que nos den las gracias por ello (2Cor 12:15).
La mayora de la gente que hemos venido a la iglesia, lo hemos hecho porque alguna necesidad personal nos trajo. Pero una vez all, cuando nos encontramos con la cruz de Cristo, y descubrimos todo lo que el ha hecho por nosotros, ya no nos importa nuestra necesidad, sino como agradecer tanto amor. Y es cuando preguntamos al Señor, ¿qué puedo hacer para agradecerte tu amor? y Él nos responde, “…Vé, y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37), es decir, gasta de lo tuyo, gástate a ti mismo, y no esperes que te den las gracias por ello. Venir a una iglesia a esperar recibir, es una contradicción con la cruz de Cristo, porque ¿qué más nos puede dar Él si ya nos lo ha dado todo? El que tiene los ojos puestos en Jesús (Heb. 12:2), vive para gastar de lo suyo, gastarse a si mismo, sin esperar que le den las gracias por ello. Pero los hastiados, están hastiados por alguna de estas razones, o porque no quieren gastar más de lo suyo, o porque no quieren gastarse a si mismos, o porque esperaban algún tipo de agradecimiento o recompensa terrenal por su esfuerzo.
Los hastiados necesitan un encuentro con la cruz de Cristo. Porque un encuentro con la cruz de Cristo, no sólo nos lleva a querer ser agradecidos con Él, sino a descubrir el valor de un alma. ¿Cuánto vale un alma? Un par de ladrones entraron en una joyera, y después de robar decidieron divertirse cambiando los precios de las joyas. As que cuando abrió la tienda una joya que vala 10€ ahora vala 10.000€ y una de 10.000€ vala ahora 10€. Parece ser que Satanás, el ladrón, se ha dedicado a cambiarle el precio a las cosas, y ahora lo que vale más que un mundo entero, es decir, nuestra alma (Lucas 12:16-21), para algunos vale menos que cualquier cosa vana de este mundo, ¡necios!. Nadie que ha tenido un encuentro con la cruz de Cristo gasta su vida en cosas vanas, porque ha entendido el valor de un alma. Sólo dos ejemplos de los miles o millones que hay de lo que hacen los que se encuentran con la cruz de Cristo. Por ejemplo, el fundador de la cruz roja, “Henry Dunant”, perdió toda su fortuna y propiedades para salvar las almas de los soldados en el frente de batalla, el les llevaba medicinas y una Biblia. O los dos jóvenes moravos, que en 1732, abandonan su sociedad cómoda de Herrnhut, Alemania, para llevar el Evangelio a los esclavos en las Indias Occidentales, convirtiéndose ellos mismos en esclavos, por amor a las almas.
¿Qué hacer con los hastiados? llevarles a un encuentro con la cruz de Cristo.
Bendiciones de lo Alto
Ángel Manuel Hernández Gutiérrez
www.misionmoderna.com.
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.