Un Manual Para Todo
Por Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.Misionmoderna.Com, Islas Canarias – España

Mercadona es la cadena de supermercados líder en España. Fundada en 1977, cuenta con más de 1.600 tiendas y emplea a unos 100.000 trabajadores. Hablando con uno de sus directivos acerca de la supervisión de tantas tiendas, me dijo: “Tenemos un manual para todo, y si no lo tenemos para algo, se crea. Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo en todo momento”. Esos manuales han sido elaborados a lo largo de los años por los supervisores, me explicó, y añadió: “Sin los supervisores, Mercadona fracasaría”.

Aunque el modelo de negocio de Mercadona no tiene nada que ver con la Iglesia del Señor, creo que podemos aprender muchas lecciones de este tipo de empresas, sobre todo de aquellas que, como Mercadona, dependen de las relaciones humanas para su éxito. El modelo celular en la iglesia puede funcionar mal o fracasar si carece de buenos supervisores o si estos no hacen bien su trabajo. El papel de un supervisor no es solo asegurarse de que las cosas se hagan tal como se ha enseñado (1 Cor 14:40), sino también ser quienes entrenan (2 Tim 2:2), apoyan (Prov 27:17) y proporcionan a los líderes las herramientas necesarias para crecer y desarrollar el modelo celular de manera efectiva (1 Jn 1:3).

Los libros funcionan como manuales, especialmente los de Joel Comiskey, que proporcionan muchas ideas, ayudan a solucionar problemas y ofrecen una gran cantidad de capacitación y entrenamiento. Complementar esta literatura con manuales locales, al menos para nosotros, nos ha permitido tener líderes cada vez mejor entrenados. Alguien dijo que “lo que no se escribe no existe”, pero la Palabra de Dios nos enseña que debemos escribir para preservar (Ex 17:14, Hab 2:2), escribir para enseñar (Dt 31:19, Ro 15:4), escribir para recordar (Jer 30:2), y escribir par comunicar (Lc 1:1-3). Un manual para todo es un modelo útil en la iglesia celular, ya que ayuda a las nuevas generaciones de líderes a no tropezar en las mismas piedras que sus antecesores, y facilita el camino hacia el crecimiento, tal como dice “Isaías 62:10 Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos”.

Un problema manualizado es un problema resuelto, porque documenta la solución permite prevenir errores, hace ahorrar tiempo, mejora continuamente las cosas y facilitar la capacitación, asegurando que todos puedan resolverlo de manera eficiente. Parece ser que al Apóstol Pablo le encantaban los manuales, porque dijo en “Filipenses 3:1 Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”.


Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.