El Blindaje No Glorifica A Dios
Por P. Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.misionmoderna.com
Los grupos celulares y especial los lideres de células glorifican a Dios por medio de una entrega de amor que duele, como dijo el apóstol Pablo en 2Corintios 12:15 “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”. Los lideres de células saben que liderar no es algo épico, sino un desgaste real.
En 1914, el explorador británico Ernest Shackleton lideró una expedición al Polo Sur. Su historia no se recuerda por haber alcanzado la meta, sino por algo mucho más profundo: ninguno de sus hombres murió, a pesar de quedar atrapados durante casi dos años en uno de los entornos más hostiles del planeta. Años después, los supervivientes escribieron algo revelador: lo que más desgastó a Shackleton no fue el frío ni el hambre, sino tener que cargar con el desánimo, la frustración y las quejas de personas a las que estaba intentando salvar. Y aunque esta no es una historia cristiana, describe con una precisión inquietante una realidad muy presente en el liderazgo espiritual y especialmente en el ministerio celular. Porque en el grupo celular el líder no solo guía reuniones: acompaña procesos, escucha heridas, soporta silencios, pero sobre todo ama sin recibir lo mismo a cambio (Pr 18:24).
El liderazgo que glorifica a Dios no huye del dolor. Muchas veces se nos dijo que servir a Dios traería gozo, y es verdad (Sal 100:2; Neh 8:10), pero casi nunca se nos dijo que también traería dolor. No el dolor del cansancio físico, sino uno más profundo: amar y no ser correspondido. Y ahí aparece una tentación silenciosa y peligrosa: el blindaje del corazón. Porque cuando amar duele, algunos líderes no abandonan, pero se cierran por dentro, siguen asistiendo, cumpliendo, sirviendo, funcionando, pero dejan de exponerse emocionalmente, y so se llama aislamiento espiritual (Pr 18:1). Un líder blindado sigue activo, pero se vuelve estéril. Funciona, pero ya no da fruto (Jn 15:5). Porque el fruto no nace del cumplimiento, sino de la comunión. Y la comunión siempre implica vulnerabilidad (Hch 2:42; Ro 12:15). El grupo celular glorifica a Dios cuando el líder ama sin blindaje, confiando no en sus defensas emocionales, sino en la gracia que sana, sostiene y renueva (2 Cor 12:9).
El grupo celular revela si amamos personas o resultados. Pablo fue claro y radical: “No busco lo vuestro, sino a vosotros” (2 Cor 12:14). El ministerio celular no existe para sostener una estructura, ni para producir números, ni para alimentar egos espirituales. Existe para amar personas reales, con procesos reales, con heridas reales, incluso cuando eso duele (Col 1:28). Cuando un líder decide seguir amando aun sin reciprocidad, Dios es glorificado, porque su gracia se manifiesta en la debilidad humana (2 Cor 4:7).
Amar duele, pero no amar… mata (1 Jn 3:14).
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Bendiciones de lo Alto
Ptr. Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, Misión Cristiana Moderna
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.