Líder Espiritual Vs. Mercenario

por P. Ángel Manuel Hernández Gutiérrez www.misionmoderna.com

Hay dos tipos de líderes: los mercenarios y los líderes espirituales. “Mercenario”, aunque Hollywood lo presente como un asesino a sueldo, no significa eso. Su sentido original no tiene que ver con matar, sino con trabajar por interés y sin compromiso. Viene del latín merces/mercedis (“pago, salario, recompensa”). Es alguien movido solo por lo que recibe, no por llamado, ni por lealtad, ni por convicción. En el Antiguo Testamento, un mercenario era un soldado que luchaba en un ejército que no era el suyo. Si había paga, peleaba; si no, se marchaba. Tanto la palabra hebrea “sajír” como la griega “misthotós” significan eso: un jornalero temporal, alguien que cumple… pero no pertenece. Jesús usa esta imagen en Juan 10 para contrastarlo con el buen pastor: “El asalariado… ve venir al lobo y huye”. El mercenario ante el peligro corre; el líder espiritual se queda. El mercenario trabaja; el líder espiritual cuida. El mercenario cumple; el líder espiritual ama.

¿Cómo formar líderes?

Filipenses 2:4 marca el camino: “No mirando cada uno por lo suyo propio…”. Cuando formamos líderes motivándolos con recompensas, producimos mercenarios. El que sirve por premio, cuando lo recibe, pierde el fuego; y cuando no llega, deja de servir. Esa actitud produce acedía, la pereza espiritual descrita por los Padres del Desierto: apatía, desánimo y “mínimo esfuerzo” disfrazado de servicio. El liderazgo verdadero no se sostiene por incentivos, sino por carga (Gál. 6:2), por amor (2 Co. 5:14), por llamado (1 Ts. 5:24) y por ocupación en los demás (Fil. 2:4). Donde se enseñan recompensas nacen asalariados; donde se enseña a dar cargar, amar, ser fiel al llamado, y ocuparse en los demás, nacen verdaderos líder espirituales. Y estos se forman con un buen “¡eeeee!”: exigir, exhortar, entrenar, enseñar y empoderar. Los líderes no se forman con ánimo emocional, sino con convicción. “El amor de Cristo nos constriñe” significa que nos impulsa desde dentro, que nos mueve y no nos deja indiferentes.

¿Dónde y cuándo se forman los líderes?

Los líderes se forman en las crisis. Las crisis son el laboratorio de Dios. Ezequiel 22 muestra una nación en caos: sin líderes, sin intercesores, sin valentía, sin responsabilidad espiritual. Era cultura de mercenarios, como denuncia Ezequiel 34:2: “¡Ay de los pastores… que se apacientan a sí mismos!”. Las crisis revelan: falsos líderes, líderes corruptos, líderes-lobos, egoístas, ausencia de líderes verdaderos, líderes que se cuidaban a sí mismos y rebaños abandonados (Ezeq. 13:10–12; 22:26; 22:27; 22:29; 22:30; 34:2–3; 34:5). El enemigo del líder no es la competencia, sino su incompetencia. Lucas 16:10 declara: “El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel”.

La crisis no es el final, es la forja. Así se formaron Moisés en el desierto, José en la prisión, David en la cueva y Pedro tras su negación. La madurez espiritual no nace en la calma, sino en la tormenta: Jonás salió obediente (Jon. 3:1–3), los discípulos salieron reconociendo a Jesús (Mc. 4:41) y Pablo salió seguro de que Dios lo tiene todo bajo control (Hch. 27:23–25).

Quien deja de cargar, amar, ser fiel al llamado, y de ocuparse en los demás, se destruye a sí mismo y destruye lo que Dios le confió. Y hoy, en una generación que vive crisis a una velocidad jamás vista, Dios está buscando líderes que no solo sobrevivan, sino que transformen.


Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.