Como Ser Un Buen Supervisor
Por Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, www.Misionmoderna.Com, Islas Canarias – España
El supervisor debe ser un mentor, un clarificador, un confrontador, y un consolador o animador. Un mentor, porque es alguien que entrena, comparte conocimiento y ayuda a desarrollar la visión (2 Timoteo 2:2; Proverbios 27:9). Un clarificador, porque me hace pensar, razonar, activar la lógica y aclara las cosas (Efesios 3:9; Santiago 1:5). Un confrontador, porque me dice con amor lo que necesita ser dicho, incluso aquello que nadie se atreve a decir (Proverbios 27:5-6; Gálatas 6:1). Un consolador y animador, como un Bernabé (Hechos 4:36), que en colaboración con el Gran Consolador, el Espíritu Santo, está siempre a tu lado, en las buenas y en las malas (1 Tesalonicenses 5:11; Proverbios 17:17).
Por tanto, un buen supervisor debe tener una capacidad excepcional para escuchar. La mayoría de los problemas que enfrentamos con los líderes se deben al desánimo que experimentan por la falta de compromiso, los malos tratos y la inmadurez general de algunos miembros de sus células. Pablo tenía razón al regresar con Bernabé a Iconio, Listra y Derbe para fortalecer los ánimos de los discípulos (Hechos 14:22); sin ese ánimo constante, muchos habrían abandonado. Nada que se establece, especialmente a nivel celular, puede sostenerse sin alentar continuamente a los líderes.
El aliento llega a través de la escucha. Cuando prestamos el oído, prestamos el corazón, porque la escucha es la antesala de la empatía. Sin embargo, no se trata solo de escuchar, sino de hacerlo sin juzgar, sin interrumpir, sin pensar en qué responder, permitiendo que el otro hable libremente. La mayoría de los líderes no buscan a sus supervisores para que les resuelvan problemas, sino para ser escuchados. Y es que escuchar resuelve el problema del desánimo, ya que fortalece la motivación interna.
Un mal supervisor es aquel que exige productividad mientras ignora las señales de estrés y desánimo que sus líderes muestran. Ningún buen supervisor desestima las preocupaciones de sus líderes. El mal líder es un “sabelotodo”, alguien que no quiere ver, ni oír, ni entender al otro (Prov. 3:7). Además, si hablamos de tener siempre la razón, el mal supervisor cree que la posee en todo momento, convencido de que tiene respuestas para todo, siendo “sabio en su propia opinión” (Prov. 3:7), lo que le lleva a evitar escuchar.
Como dice la Dra. S. Kittim en su manual práctico de homilética — ¡vivan los manuales! — “La gente tiene derecho a ser escuchada. Dios nos dio una sola boca, pero dos oídos. ¿Sabe por qué? Porque debemos escuchar más de lo que hablamos.”
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.