Más Presencia Que Nunca

Pastor Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, Misión Cristiana Moderna, Islas Canarias, España

Los espacios públicos después de la pandemia han abierto y muchos de ellos se han llenado, sin embargo las iglesias a penas han recuperado el 40% de su asistencia regular, y aunque en los grupos celulares el porcentaje es mayor, seguimos en fase de recuperación., ¿por qué? por el enfriamiento espiritual. Los niveles de enfriamiento espiritual de los creyentes como consecuencia de la pandemia han sido brutales. Los creyentes se han enfriado espiritualmente y el gran problema del enfriamiento es que se traduce en pereza espiritual. Dejadez o desgana de servir a Dios, de congregarse, y de orar como dice “Job 15:4 Menoscabas la oración delante de Dios”.

Es necesario volver al fervor del aposento alto, a esa presencia poderosa del Espíritu Santo que se derrama cuando nos congregamos, una presencia más grande y gloriosa que la que se pueda recibir en la soledad con Dios. La oración congregacional es la oración más poderosa del mundo, no hay cadenas, ni puertas que se le resistan. La libertad a los cautivos prometida en Isaías 61:1 y Lucas 4:18 no es posible sin este tipo de oración.

Necesitamos una manifestación de la presencia de Dios más que nunca, porque la pandemia nos ha dejado muchos problemas emocionales en la gente, sobre todo trastornos depresivos y estrés postraumático. Un estudio de la OMS reveló que durante el primer año de pandemia, la ansiedad y depresión aumentó un 25% imagina a los niveles que estamos ahora. Este estudio reveló que ese aumento recayó más en mujeres que en hombres y más en jóvenes de entre 20 y 24 años que en adultos mayores. Por otro lado otro estudio revela que la cercanía tan grande a la muerte que nos ha llevado a todos, ya sea por una experiencia propia o por la muerte de algún familiar, ha generado en muchos de nosotros estrés postraumático.

El trauma no es otra cosa que el grito desgarrador del alma que necesita urgentemente de la presencia de Dios. No hay más que mirar al rostro a la gente para darse cuenta por lo que han pasado o están pasando, porque igual que “el corazón alegre hermosea el rostro” (Proverbios 15:13), la tristeza, el dolor, el trauma lo entristecen. La gente está entristecida, se necesita más que nunca esa presencia del Espíritu Santo que trae plenitud de gozo, como dice el Salmos 16:11. En este tiempo por tanto, hemos pedido a nuestros líderes de células que hagan énfasis en la manifestación de los dones espirituales e invoquen en las células una presencia de Dios que quebrante el corazón y que sane el alma, porque pasar mucho tiempo traumatizado no es nada saludable. Necesitamos más que nunca esos tiempos de refrigerio de los que habla Hechos 3:19 y que son traídos por el Espíritu Santo. Por tanto se requieren líderes llenos del Espíritu Santo que puedan llevar a sus grupos a la manifestación del Espíritu.

Bendiciones de lo Alto

Pastor Ángel Manuel Hernández Gutiérrez, Misión Cristiana Moderna, España


Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.