El Líder Fósforo

por Ángel Manuel Hernández, D.D., www.facebook.com/pastorfuerteventura/

“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra s mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:3).

Es terrible caer en el sndrome del líder fósforo. Es ese líder que comienza con una gran llamarada, como cuando enciendes un fósforo, pero luego se queda en una sencilla llamita, que poco a poco se va consumiendo, hasta quedarse en un palito quemado, que para poco sirve.

Hay líderes que están como un fósforo, quemados. ¿Por qué? Este texto nos muestra que trabajar con pecadores quema, agota nuestros recursos psicológicos. Te hace llegar a un punto en el que sientes que no puedes dar más, que has llegado a tu limite, se perecen a los sntomas de una depresión. Y entonces cambias de actitud como intento de protegerte, y comienzas a servir a Dios pero como a algo ajeno a ti, extraño, como si la iglesia o la obra de Dios no tuviera nada que ver contigo. Te muestras distantes, le pones normas o etiquetas a todo y a todos, sólo haces lo que el protocolo exige y nada más. Y el servicio a Dios se convierte en una lucha, como la lucha de Jacob con Dios (Gen 32), y esa lucha provoca más agotamiento y entonces te sientes una vctima de aquellos a los que ayudas o sirves, y comienzas a echarle la culpa de tu estado y de tus frustraciones. As se sintió Elas, cuando se echó debajo del árbol de la muerte, el enebro, y dijo: “…Basta ya, oh Señor…” (1Rey 19:4). Elas llegó al peor y más peligroso estado al que puede llegar un líder de Dios, el estado de sentir que no vale para eso, que no vale para ser lider, para ese servicio a Dios.

Y tu estado sólo te deja ver dos soluciones, dejar el liderazgo o por el contrario, lanzarte a un mayor esfuerzo, pensando que el fracaso es fruto de la falta de esfuerzo. Sin embargo ninguna de estas dos soluciones valen, porque lo que se ha perdido no son las ganas, ni el ánimo, ni las fuerzas, sino la misión. El considerar porque y para quién estamos haciendo lo que hacemos. Por eso el texto dice “Considerad a aquel que sufrió…” (Heb 12:3). La solución está en considerarle a él, volver a recuperar la misión, el sentido de nuestra tarea. Nosotros tenemos una tarea que es espiritual y que sólo puede ser sostenida por la fe. Si la tarea que nosotros realizamos la realiza alguien sin fe, abandona desde el primer da. Pero nosotros no nos cansamos gracias a nuestra fe (2Tes 3:13), ella nos sostiene firmes en el trabajo. Esa fe esta activa en nosotros y en la tarea, porque no dejamos de mirar a Jesús, de considerarle a él, que es autor de la fe (Heb 12:2).

Recupera tu objetivo que es Cristo, considerable a él y saldrás del sndrome del líder fósforo, y como dice hebreos 12:3, tu ánimo nunca desmayará.

Bendiciones de lo Alto

Ptr. Ángel Manuel Hernández, D.D.


Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.