Crecer en el discipulado a través del evangelismo.
por Ángel Manuel Hernández, www.misionmoderna.com
Algunos creyentes se excusan en que no tienen el don de evangelismo, para no evangelizar. Pero evangelizar no es un don, es una responsabilidad de todo creyente. Una responsabilidad con su prójimo, especialmente con sus parientes y amigos más cercanos. Cornelio cumplió bien con esa responsabilidad cuando invitó a Pedro a hablarle a sus parientes y amigos más cercanos (Hechos 10). Algunos creyentes creen que Dios se valdrá de alguien que no sea ellos mismo para salvar su parientes y amigos más cercanos, pero se equivocan, si ellos no les hablan, difcilmente serán salvos. Dios nos salvó para salvar, y nos salvó ahora y no cuando estábamos a punto de morir, como el ladrón en la cruz, porque hay un trabajo de evangelización que hacer. Quien ha sido salvo y no quiere salvar ayudar a salvar a otros, yo me pregunto ¿qué hace en este mundo? (1Cor. 9:16).
El don de evangelista es una habilidad especial que incrementa la capacidad de evangelizar, pero incluso el que tiene el don de evangelista no lo hubiese descubierto si no se hubiese puesto a evangelizar, porque los dones se descubren actuando. Por otro lado, es un error incluso historico, pensar que la tarea de evangelizar recae sólo en manos de profesionales, de los que tiene ese don o esa capacidad. Porque en la expansión del evangelio por todo el mundo, incluso desde los comienzos de la iglesia, han sido los pequeños, los desconocidos y los comunes, los que más han desarrollado la tarea evangelizadora. De hecho Harnack, el teólogo luterano alemán (1851-1930) dijo: “Es imposible ver en ninguna clase de persona dentro de la iglesia a los principales agentes de la propaganda cristiana. La gran misión del cristianismo fue en realidad llevada a cabo por misioneros improvisados”.
La evangelización nos es un don, es la única oportunidad que tienen las personas para ser salvas. La gente no puede encontrar a Cristo por s sola. El mundo no está señalizado como para encontrar a Cristo, más bien todo lo contrario. A Cristo tampoco se le encuentra de casualidad sino de causalidad, siempre se da el caso de que alguien le llevó a ese corazón. Y la escritura dice en Romanos 10:14 “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han credo? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han odo? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”. Si no hay quien predique a Jesús, no hay quien oiga de él, ni quien lo acepte. Pero además añade en Romanos 10:15 “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?”, en otras palabras, nadie tiene la iniciativa de predicar a Cristo a menos que se le enve. Esto quiere decir que debemos insistir constantemente en que se predique el evangelio, enviar permanentemente al creyente a que lo haga. Cuando la insistencia no es constante la evangelización cae. Quien no insiste en que hay que ir, hace que nadie vaya. No debemos esperar que se evangelice debemos enviar a hacerlo. Y si no queremos caer pesados con nuestra insistencia, seamos creativos, inventemos formas de motivar a la evangelización, pero nunca dejemos de insistir en ello porque entonces nadie será salvo.
Ángel Manuel Hernández
Publicado originalmente en Joel Comiskey Group.